terror

La historia de terror más corta del mundo

En estas fechas y después de la última entrada dedicada al día de los muertos continuamos con un relato publicado en el año 1948, se trata de un microcuento titulado "Knock" escrito por Fredric Brown y aunque existen otros relatos anteriores a este, ha sido el que más repercusión ha obtenido. Podéis leerlo a continuación:

Fuente de la imagen

Me ha parecido muy interesante para trabajar en

Túneles y literatura

Tal vez hayáis visto este vídeo de promoción de la secuela de Cazafantasmas: una estación de metro, unos andenes semivacíos y unos fenómenos paranormales. Nada más verlo, recordé un relato que leí hace años en la revista Cacumen, Un subte llamado Moebius, de A.J. Deutsch. En ese cuento se plantea una red subterránea tan topológicamente compleja que adopta la estructura de la banda de

Tras la primera línea, viene un cuento: Horizonte vacío

Lamentó su suerte en una ciudad desierta. Todos se habían ido. Había llegado tarde. Siempre tarde, nunca a tiempo, le solía decir su madre. Siempre tarde. Siempre tarde. Como una letanía, en su cabeza. Siempre tarde. Malditos relojes, malditas horas. En una ciudad desierta. Solo aceras y farolas. Sucias y apagadas. Llenas de hojas. Otoño, decrépita estación. Caída hacia los infiernos. Lluvia, menos luz, días que se acortan.

Eco de otros blogs: Entrevistado en Entreescritores

Os dejo aquí el enlace a la entrevista que me hacen esta semana en la plataforma de autopublicación Entreescritores. Hablamos un poco sobre literatura de terror, autopublicación y sobre mi nueva novela de temática zombi. Espero que os guste :)

Morituri te salutant (XXII): Asesinato en el comentario 10

Para Iñaki, por el quinto aniversario de su blog.
(Esta entrada se ha publicado simultáneamente en el blog de Iñaki.)

Morituri te salutant (XXI)

Entiendo que me despidieran. Al fin y al cabo, era consciente de que mis actos podían acarrear consecuencias. Soy impulsivo pero no estúpido. Pero de despedirme a denunciarme… Eso sí que no logro entenderlo. Todos me daban la razón, aunque ninguno se atreviera a decirlo en voz alta. ¡Cualquiera podía haberlo hecho! Cualquiera con dos dedos de frente y un poquito de educación. Que lo llevé al límite, es posible. Pero vosotros me entendéis: estaba hasta las narices. Y hay cosas que no deben hacerse. Es así y ya está. No deben hacerse.

Morituri te salutant (XX): Veinte puñaladas

La primera, por la espalda. Una puñalada blanca, como tu túnica, y cobarde, como tu daga. Me cogió desprevenido. ¿Quién pensaba que tendrías valor para empuñarla? Tu daga, bajo tu túnica escondida.
La segunda, la tercera y la cuarta vinieron ya de frente. A cara descubierta. Pero fueron tan cobardes como la primera. Esperaron a verme malherido para enfrentarse a mi semblante duro y varonil.

Morituri te salutant (XIX)

Para Ana, porque le gustan mis morituri cuando tienen colores.

Morituri te salutant (XVIII): La alargada sombra de los tacones solitarios

Para Maru, porque le debía
un Morituri desde hace tiempo.
Dicen que apareció muerto en su despacho. Solo. Hombre, mediana edad, vida sedentaria y estrés laboral. El diagnóstico fue sencillo: ataque al corazón. Para qué investigar más.

Morituri te salutant (XVII): Doce campanadas

Dong. Ya solo quedan once. Once campanadas y será medianoche. Once uvas y adiós al año que se va y bienvenido sea 2012. Solo once. Once puñaladas y el 2011 estará muerto y enterrado. Dong. Una menos para el final. ¿Final? ¿De qué? ¿Cómo puede terminarse el tiempo?

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